Ejemplos a seguir César y Marielis

A inicios de mayo del 2017, Marielis García Miguez, nacida en Los Llanos de Venezuela hace casi 30 años, entendió que era momento de dejar su patria. Marielis (especialista en emergencias médicas) era gerenta general de una compañía que brindaba servicios de transporte a los funcionarios de Petróleos de Venezuela y ganaba el equivalente a tres sueldos mínimos al mes (unos 90 mil bolívares en ese entonces), pero comprar una bolsa de pañales para el más pequeño de sus tres hijos llegó a costarle la tercera parte de ese salario. La maldita inflación. La joven madre, que hasta esos días se negaba a dejar su país como lo había hecho la mayoría de sus amigos, sintió que ni ella ni el resto de su familia tenían futuro. Sintió que ni siquiera Matthews, su bebé de apenas cuatro meses, tenía futuro.
César Zambrano López –técnico en refrigeración nacido en el irreverente y opositor estado de Táchira– tomó la misma decisión. El 30 de julio del año pasado, el gobierno chavista realizó elecciones para elegir una Asamblea Constituyente que debía elaborar una nueva Constitución, pero a la vez reemplazar en sus funciones a la Asamblea Nacional, que era mayoritariamente opositora. Para esa fecha, la oposición llevaba casi tres meses de protestas, se contaban cerca de 80 muertos y en el estado de Táchira no había vida social después de la cinco de la tarde: no pasaban buses, no había comercio, prácticamente nadie salía de sus casas.“En Táchira nadie fue a votar. La gente sacó a los funcionarios de los centros de votación y les dijeron que, si no se iban, quemarían las máquinas. Yo pensé: si aprueban esta elección, me voy. Y así fue. Dijeron que en Táchira votaron 800 mil personas. Mentira... si la gente ni salió de sus casas. Ese día tomé mi decisión. Vendí mi carro y mi moto y, con los 400 dólares que junté, salí ”, cuenta César. 
El trabajo dignifica al hombre, pero hay grupos de venezolanos que rechazan la idea de que se les asocie únicamente con ambulantes. Marielis García y César Zambrano son dos de ellos. 
Después de algunos intentos fallidos y algunas ‘anécdotas’ de gente que cuestionó su capacidad debido a su nacionalidad, César consiguió trabajo estable como técnico. Hoy hace lo que le gusta hacer, lo mismo que hacía en Venezuela para ganarse la vida, y ha logrado ahorrar ya lo suficiente para traer a Lima a su esposa y a su hija de cuatro años.
“Yo creo que el perfil de nosotros los venezolanos no es el de vendedores ambulantes, como ha pasado aquí. Durante el tiempo que busqué trabajo, siempre me decían por qué no me ponía a vender arepas. Incluso ahora, que ya saben que soy un técnico garantizado, me lo dicen... Las arepas son nuestra comida nativa y es orgullo, pero es como si dijeran que un peruano migrante solo puede ser un cebichero ambulante”, comenta. 


Escrito por Ana Núñez

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